OS
PONGO EL ARTICULO DEL DIARIO DE AVILA SOBRE EL ENCUENTRO
Marta
Martín Gil
Son muchas las cosas que separan a Alba y a José
Luis (una de las más evidentes es la edad) pero tienen
un curioso nexo de unión: el encaje de bolillos.
Porque ni los siete años recién cumplidos
de Alba o el hecho de que José Luis sea un hombre
en un mundo dominado todavía por el género
femenino les impide dedicar su tiempo libre a una artesanía
con siglos de vida a su espalda y que a ojos del lego resulta
del todo imposible.
Y los dos participaron ayer en el II Encuentro de Encajeras
de Navalmoral de la Sierra, una convocatoria recién
estrenada en el calendario pero que a la vista de su evolución
promete dar mucho de que hablar. Porque si el año
pasado fueron 39 las personas que colocaron sus útiles
de trabajo en la plaza Grande del pueblo, este año
la cifra se ha duplicado. «Van a acudir algo más
de 70 personas», decía ayer Ana Tiburón,
organizadora, junto con Trini Martínez, del encuentro.
Encajeras llegadas de Valladolid, Madrid, Segovia, León...
hicieron ayer parada en Navalmoral dentro de una ‘gira’
que les lleva a recorrer buena parte de la geografía
española. «Los encuentros van de mayo a octubre»,
apuntó Ana, «y concluyen en Camariñas,
Galicia, uno de los corazones del mundo del encaje».
Protegidos del sol de la mañana por unas carpas,
los artesanos comenzaron a trabajar a primera hora de la
mañana. El medio punto, el punto entero, el torchón,
el milano o la araña no tienen secretos para ellos,
que transformando esas palabras en puntos elaboran hermosas
piezas sobre su cojín.
José Luis, por ejemplo, le daba forma a un escudo
del Atlético de Madrid («éste lo estoy
haciendo para mi hijo, pero la primera labora que yo hice
fue el del Real Madrid, que es mi equipo», decía),
mientras que Alba, unos cuantos puestos más alla,
se esmeraba en ir soltándose con una sencilla labor,
siguiendo las instrucciones de su abuela, otra de las participantes
en el encuentro.
La rondalla del pueblo fue la encargada de animar la jornada,
que llenó de vida el pueblo («no creas, es
que esto les viene bien a los comerciantes, porque hay gente
de fuera que compra aquí bollería y carne»,
apuntaba Ana) y que continuó en la piscina, donde
el grupo se reunió en una comida de confraternización
después de una mañana hilvanada al ritmo de
los bolillos.
a.